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MONASTERIO DE GUISANDO Antonio Estrella Grande Maestro de El Tiemblo
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En el término municipal de El Tiemblo, a unos diez kilómetros de la villa y a poca distancia de los Toros de Guisando, en la parte más oriental de la sierra de Gredos, se encuentra el cerro de Guisando. Su cima alcanza los 1300 m de altitud sobre el nivel del mar. En su falda abundan yedras, tejos, higueras, castaños, nogales, cipreses, chopos, olmos, arces, cornicabras, alisos, pinos, robles, encinas... Entre las rocas y peñascos chorreras de arroyuelos que, con el paso del tiempo, horadaron las tierras formando varias cuevas que posiblemente habitasen los hombres primitivos. Corre el año 1353 cuando llegan al cerro de Guisando cuatro ermitaños italianos que ocuparon algunas de las cuevas. En ellas vivieron varios años, haciendo vida de oración y alimentándose de frutos silvestres. Las primeras noticias que de ellos se tuvieron llegaron a través de pastores y caminantes. Las gentes de los alrededores les tenían por holgazanes, sin duda por no entender el tipo de vida que llevaban, lo que hizo que decidieran abandonar el lugar. Cuenta la leyenda que les costó emprender la partida y que las primeras horas, hasta perder de vista el Cerro, caminaban con lentitud y en silencio. Cuando ya se encontraban bastante alejados, el agotamiento se apoderó de ellos y quedaron profundamente dormidos. Al despertarse se contaron sus sueños: la Virgen María les recriminaba su poca fe y les ordenaba volver a las cuevas, prometiéndoles que no tardarían en ver construido un monasterio digno. Sin dudarlo se dieron la vuelta y regresaron. A partir de entonces su vida cambió. Los vecinos de los lugares próximos les ayudaban con limosnas y les proporcionaban trabajo, y ellos correspondían cuidando de sus enfermos. Su fama se extendió de tal manera que llegó a oídos de personas tan influyentes como la reina Juana Manuel de la Cerda, de Jimena Blázquez... que les donaron parte des sus heredades del amplio territorio de Guisando. En 1375 los sueños se convierten en realidad: ven construido el primer monasterio, pequeño; pero que cubría sus necesidades. Crecen en número y son conocidos en todas las tierras del reino como los “Beatos de Guisando”. Los frailes jerónimos gozaron de protección real y de todos los reyes, desde Juan I a Felipe II, recibieron favores, e incluso los monarcas pasaron largas temporadas en el monasterio. En 1546 el primitivo monasterio fue pasto de las llamas. Se reconstruyó y amplió en estilo renacentista con algunos recuerdos del gótico. El templo, dedicado a san Jerónimo, tiene forma de cruz latina, con cabecera semioctogonal. Cuenta con tres pequeñas naves y un coro. El aparejo es de granito con pilastras toscanas. La cúpula y la bóveda, derruidas, de ladrillo tabicado. La construcción situada a mayor altura es la ermita de San Miguel, debida al segundo Marqués de Villena, Diego López Pacheco, a la que se accede por una hermosa escalinata cuyos peldaños están labrados en la misma roca. En 1979, el monasterio sufrió un nuevo incendio quedando el edificio muy dañado. De las cuevas naturales del Cerro, destaca la de San Patricio por sus dimensiones. Los primeros ermitaños la utilizaron como templo y su bóveda es un enorme peñasco cuya sustentación parece romper las leyes de la gravedad. El monasterio, con sus jardines y cuevas, fue declarado “Paraje Pintoresco” el cinco de febrero de mil novecientos cincuenta y cuatro. |