LOS HORNOS DE LAS TINAJAS

Marisol Carretero Blasco

                                                                                             Curso "El Medio Ambiente y los Recursos de la Zona"

Estas peculiares “industrias del barro” fueron construidas a principios del siglo XIX por Santiago Carretero Frutos (1791-1855), quien fundó la primera empresa tinajera de El Tiemblo.

En esos años existía una gran demanda de tinajas, ya que Carlos III autorizó la plantación de viñedos en diversos lugares del pueblo, con el fin de acabar con el paro.

Al parecer son únicos en la provincia de Ávila.

Llegó  a haber, al menos, cinco hornos: tres para tinajas y dos para tejas y ladrillos, de los cuales cuatro pertenecían a la familia Carretero. Los de Santiago, con el paso del tiempo, pasaron a ser propiedad de sus hijos: Felipa y Luciano Carretero González.

Transcurridos los años, Luciano tiene cuatro descendientes. Los dos mayores, Marcelino y Antonio Carretero Lamas, construyen un horno para cada uno  (que son los que actualmente conocemos y podemos visitar en la C/ Tenería, situada en la zona de El Castillo - FOTOS), mientras que el tercero, Cándido, se encarga de los dos que le correspondieron a su padre, que acabaron desapareciendo debido a su abandono y arruinamiento.

 

ESTRUCTURA.-

BÓVEDA: hecha por arcos de adobe, con forma de sombrerete y una altura de 6-7 metros.

- TEJAS de barro y curvadas cubren la bóveda. Son fabricadas en los propios hornos y destinadas a la venta y consumo particular.

- BUFARDAS: son orificios situados estratégicamente en la cubierta. Permiten la salida de humo y calor, cumpliendo la función de chimeneas. Su número oscila entre 8 y 10.

MUROS: realizados en adobe y reforzados exteriormente en piedra sin labrar.

- VENTANA: no es un elemento característico de la edificación, sino que fue realizada por los “inquilinos” que los utilizaron durante los últimos años como vivienda y cuadra, cuando estaban inactivos.

- PUERTA: también de adobe, se sitúa en la fachada. Igual que la ventana, es modificada adosándole puertas adinteladas.

- PILARES: son cuatro, de piedra.

- PUERTA DE LA CALDERILLA: de adobe, situada en un lateral. Como su propio nombre indica, permite el acceso a la caldera.

CALDERILLA: no visible a primera vista, ya que se construye en el subsuelo del horno. La componen tres partes:

-  PAREDES: de adobes, tienen una altura de 2 – 3 metros.

- ARCADA: formada por arcos que fabrican los propios dueños con ayuda de una cimbra de madera, separados unos 20 cm. Duraban entre 8 y 10 años e iban siendo reparados donde el fuego los desgastaba.

- REJILLA: es el “piso” del horno y permite la colocación de las tinajas y el paso de las personas.

         Toda ella está echa de adobe (la tierra es lo que mejor  aguanta el fuego) : Es donde quemaban la leña y las gabillas (montones pequeños de ramas de pino, jaras o sarmientos atados para un mejor manejo).

 

¿CÓMO FUNCIONABAN?

         El primer paso consistía en moldear las tinajas, tejas, ladrillos u hornillas solicitados. Para ello recogían barro arcilloso de la Dehesa, el Tejar, Valdesanmartín e incluso de Toledo, que se trataba primeramente de forma manual antes de su utilización. Una vez cumplido este paso, desde Octubre hasta Junio, fabricaban las tinajas por medio de un complejo proceso artesanal.

         Ya completada la partida las introducían en los hornos, con ayuda de un carro, una a una, intercalando entre ellas tejas o ladrillos, para protegerlas del fuego directo de la caldera.

         Cuando la base del horno estaba completa, la “boca” se tapaba con adobes y barro, más o menos hasta la mitad,  y, con una rampa, continuaban colocando encima de las otras.   

Una vez lleno, se tapiaba completamente para evitar pérdidas de calor.

A primeros del mes de Julio o Agosto comenzaban a cocerlas.

La caldera se encendía por la noche con leña de pino a fuego lento y, por la mañana, sobre las ocho o nueve, se avivaba con las gabillas hasta que estuviera al rojo vivo.

Funcionaban 20 ó 22 horas seguidas. Entonces el cielo se cubría día y noche por una gran nube de humo negro y las gentes sabían que los hornos estaban quemando.

Una vez cocidas, transcurrida aproximadamente una semana, rompían una pequeña parte de arriba del tabique, dejándoles enfriar durante  otros siete u ocho días. Pasado ese tiempo descubrían hasta la mitad, lo suficiente para retirar las de encima y, para el resto, rompían totalmente los adobes y las sacaban. No cesaban de trabajar hasta que todo estuviera cocido, por lo que la boca se tapaba y destapaba  las veces necesarias.

Se completaba el proceso dando la pez y ya estaban listas para comenzar la venta en Septiembre. Las tinajas de El Tiemblo tenían una gran aceptación, no sólo en los alrededores, sino también en las provincias de las dos Castillas, particularmente  en Toledo y Ciudad Real.

Los hornos cesaron su actividad allá por los años 70, cuando el reparto de bienes familiares y la sustitución de las clásicas tinajas de barro por los conos de cemento de las modernas bodegas  acabaron con una gran tradición ceramista de más de 150 años. Ahora son el modelo de una arquitectura popular que pertenece al acervo cultural de El Tiemblo.

Como última reseña, no podía permitirme pasar por alto una pequeña corrección: Antonio Carretero López no fue el último tinajero tembleño, sino que el negocio familiar continuó dos generaciones más, llegando hasta Aurelio Carretero González, mi padre, quien conoció desde muy niño el oficio y me ha ayudado a saber un poco más de la historia de mi pueblo y de mi familia.

Aurelio Carretero González 1961